Cuando se trabaja con concreto premezclado en estructuras verticales —como columnas, muros altos o castillos— la calidad final depende de una técnica impecable. A diferencia de los elementos horizontales, aquí la mezcla enfrenta presión interna elevada, mayor altura de caída y restricciones de espacio, factores que pueden provocar segregación, vacíos o pérdida de homogeneidad si no se controla correctamente.
La clave está en entender cómo se comporta el concreto dentro de un encofrado vertical y aplicar técnicas que mantengan su cohesión desde el primer vertido hasta el vibrado final.
1. La presión interna: el primer desafío del colado vertical
En estructuras altas, la presión ejercida por el concreto fresco aumenta conforme avanza el llenado. Si el colado se realiza demasiado rápido, la mezcla no tiene tiempo de acomodarse y puede perder cohesión.
Problemas comunes por exceso de presión:
- Segregación entre pasta, finos y agregados
- Deformación o apertura de la cimbra
- Vacíos en zonas laterales
- Fisuras superficiales posteriores al desencofrado
Mejor práctica técnica:
Realizar el colado en capas, controlando la velocidad de llenado para que el concreto se asiente de manera uniforme y distribuya la presión sin comprometer la mezcla.
2. Altura de caída: un factor directo en la segregación
El concreto no debe caer libremente desde gran altura. Cuando esto ocurre, los agregados tienden a separarse, generando concentraciones irregulares y pérdida de trabajabilidad.
Estrategia para evitarlo:
- Usar tubos de descenso o mangas dentro del encofrado.
- Mantener una altura de caída controlada.
- Ajustar la velocidad de vertido según la sección del elemento.
Esto asegura que la mezcla llegue compacta, sin golpear ni desarmarse durante su descenso.
3. El tamaño del agregado y su impacto en estructuras verticales
En columnas y muros angostos, un agregado demasiado grande puede atorarse o acumularse en zonas específicas. Esto afecta la densidad del material y aumenta el riesgo de segregación.
Recomendación técnica:
Usar mezclas con agregado adecuado al peralte y la sección del elemento, manteniendo una gradación uniforme que permita un flujo constante dentro del molde.
4. Vibración profesional: el paso que define la calidad final
El vibrador interno es responsable de compactar la mezcla, expulsar el aire atrapado y mantener la cohesión.
Pero usarlo mal puede generar problemas igual de graves que no usarlo.
Buenas prácticas de vibrado vertical:
- Introducir el vibrador de forma vertical y sin golpear varillas.
- No permanecer demasiado tiempo en un mismo punto.
- Vibrar por capas, coordinado con el avance del colado.
- Evitar el sobrevibrado, que provoca segregación y asentamiento excesivo.
El equilibrio es simple: vibrado preciso, uniforme y oportuno.
5. Velocidad de vertido: ritmo que define homogeneidad
Verter demasiado rápido genera presión excesiva. Verter demasiado lento permite que el concreto fragüe por capas, creando juntas frías.
Lo ideal:
Un ritmo constante que permita compactar cada nivel sin interrupciones prolongadas.
CONCLUSIÓN
El concreto en estructuras verticales exige técnica, control y precisión. Cada variable: presión, altura de caída, agregado, vibrado y velocidad de vertido, influye directamente en la homogeneidad final.
Cuando se ejecuta con disciplina, el resultado es un elemento uniforme, resistente y sin defectos desde su interior.
Al final del día, la calidad no se improvisa: se controla desde el primer vertido.
Para lograrlo con confianza, el respaldo de un proveedor experto marca la diferencia. COBOPREMEX, un aliado técnico en cada colado vertical.
