En obras chicas, ampliaciones o remodelaciones, es común escuchar frases como “es poco concreto”, “con eso debe alcanzar” o “si falta, lo resolvemos”. Esa lógica, aunque frecuente, es una de las principales causas de problemas en colados pequeños. Subestimar el volumen de concreto puede parecer un error menor, pero sus consecuencias suelen ser grandes y costosas.
El concreto no entiende de “poquito” o “mucho”. Entiende de continuidad, tiempos y proceso.
Cuando el volumen se calcula “al tanteo”
En colados pequeños, muchos contratistas confían en la experiencia visual para calcular el volumen. El problema es que el ojo no considera pérdidas, espesores reales, irregularidades del terreno ni desperdicios normales de obra.
Cuando el concreto empieza a descargarse y se detecta que no alcanza, la obra entra en modo reactivo: se acelera el colado, se reduce el espesor o se dejan zonas incompletas “para después”. Ahí es donde nacen los problemas.
Juntas frías: el error más común
Uno de los efectos más frecuentes de subestimar el volumen es la aparición de juntas frías. Al quedarse sin concreto a la mitad del colado, se detiene el proceso y se continúa horas o días después.
Estas juntas no siempre se notan de inmediato, pero con el tiempo se convierten en puntos débiles: fisuras, filtraciones o desprendimientos. Todo por no haber calculado correctamente desde el inicio.
Reducir espesor: una solución que no lo es
Otro error común es “estirar” el concreto reduciendo el espesor. A simple vista puede parecer que el trabajo quedó terminado, pero estructuralmente el elemento ya no cumple con lo esperado.
Unos centímetros menos en una losa, firme o zapata pueden significar menor capacidad de carga y mayor riesgo de fisuración. El ahorro inicial se convierte en un problema permanente.
Impacto en tiempos y costos
Paradójicamente, subestimar el volumen casi nunca ahorra dinero. Genera retrasos, costos adicionales por nuevos suministros, mano de obra improductiva y, en algunos casos, retrabajos completos.
En obras pequeñas, estos sobrecostos se sienten más fuerte, porque afectan directamente el margen del contratista.
La importancia de planear incluso lo “chico”
Un colado pequeño necesita la misma planeación que uno grande: cálculo correcto de volumen, definición de espesores, tiempos claros y secuencia de trabajo. La diferencia es que en obras chicas hay menos margen de error.
Planear bien desde el inicio evita improvisaciones, decisiones apresuradas y fallas que ya no tienen corrección.
Conclusión
Los colados pequeños no son menos importantes. Al contrario, suelen ser los que más problemas generan cuando se subestiman. El concreto no perdona la improvisación, sin importar el tamaño de la obra.
Trabajar con proveedores que ayudan a calcular correctamente, planear el suministro y ejecutar con orden desde el primer metro cúbico marca una diferencia real. Bajo ese enfoque preventivo y técnico es como COBOPREMEX acompaña también a las obras chicas, evitando que un colado pequeño se convierta en un gran problema.
